Juegos para futuros niños virtuosos
Se trata del conocido juego del ajedrez, pero con la particularidad de que todas las piezas son del mismo color. A través de este juego el niño aprende que todo movimiento depende de la presencia de los opuestos y que la verdad no surge de la identidad, sino de la oposición y aun de la contradicción. De la oposición de dos términos surgirá un tercer término (la síntesis), en la cual A y no-A vendrán a reunirse para adquirir sentido y para dar lugar a una nueva realidad o nuevo concepto. Por otra parte, el niño también aprende que, gracias a la unión de los opuestos, se logra un equilibrio psíquico completo y una integración total con el cosmos.
Dedalus (de 0 a 4 años)
Este sencillo juego consiste en construir un laberinto en el patio de la casa. El padre deberá disfrazarse de minotauro y el niño, ayudándose de su ingenio y valentía, deberá salir indemne del laberinto. Con este juego el niño aprende que ese laberinto no es sino una metáfora del mundo y el minotauro, una mezcla de toro y de hombre. El niño llega a comprender que el universo puede ser un caos y que, por lo tanto, debe estar preparado para enfrentar los obstáculos que se le presenten en la vida.
El estilita (de 0 a 37 años)
Para llevar a cabo este juego será necesario levantar una columna de 17 metros en el jardín. El niño deberá vivir subido en ella e intentar permanecer alejado del tráfago humano. Se recomienda que se establezca como lapso mínimo el de 37 años. A través de este juego el niño aprende a fortalecer su fe desarrollando una vida contemplativa y manteniéndose apartado de la tentación.
Tractatus logico-philosophicus (de 3 a 6 años)
El juego consiste en un interrogatorio dialéctico en el cual la pregunta no necesariamente corresponde a la respuesta. Por ejemplo:
Padre: ¿Cómo te llamás?
Hijo: Cleóbulo.
Padre: No te pregunté cómo te llamabas sino cuántos años tenías.
Hijo: Cuatro.
Padre: No te pregunté cuántos años tenías. Te pregunté si es posible que una cosa pueda cambiar de apariencia y seguir siendo la misma cosa.
Hijo: …
Con este juego el niño aprende que hay una estrecha vinculación estructural entre lenguaje y mundo, hasta el punto que: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. En efecto, el niño logra comprender que aquello que comparten el mundo, el lenguaje y el pensamiento es la forma lógica, gracias a la cual podemos hacer figuras del mundo para describirlo.

