martes, julio 29, 2008
Alfabeto convencional del oprobio
Conocerse asimismo: Era un tipo tan trivial y poco interesante que quedó totalmente fuera de su propia biografía.
El tunante: El tipo tiene poca cosa en la cabeza y ese poco está de más.
El superhombre: Era un tipo que cada día se esforzaba para ser mejor. Tan grande fue el progreso que llegó el día en que desapareció.
Lo fatal: Es uno de esos tipos que se destacan por su irrevocable vocación de no hacer falta.
Pruritos: Era un tipo tan concienzudo que hasta besar a su novia lo hacía personalmente.
Pobreza: Era un tipo pobre, más por el ansia de ser más rico que por lo que le faltaba.
Utopía y veleidad: Es uno de esos tipos que están tan seguros de lo que quieren que nunca lo alcanzan.
Corruptibles: Es un tipo de esos que suscriben a todas las opiniones ajenas, y aun a cualquier otra.
Charlatán ubicuo: El tipo es tan locuaz que no se nota que ya no está.
Afanes: Es uno de esos tipos que poseen un desmesurado afán de exhibir su dificultad para pensar.
Arte de disertar: El tipo dio, contrariamente a lo que se esperaba, una conferencia tan buena que casi no le hizo falta participar en ella.
Perseguido: Es uno de esos tipos que creen que todo lo que no es elogio va en contra de ellos.
El distraído: Un tipo tan distraído que en vez del cigarrillo se apaga él mismo en el cenicero.
Crimen y castigo: Es uno de esos tipos a quienes habría que castigarlos por lo que dicen y premiarlos por lo que dejan de decir.
Estulticia palmaria: Es uno de esos tipos en quienes resulta admirable la involuntaria omisión de más de un atisbo de genialidad.
Adulador: El tipo era tan adulador que bastaba que alguien dijera "¡Qué calor!" para que comenzara a sudar.
Cándido: Uno de esos tipos que porque desconocen la ley de gravedad creen que no se van a caer.
Poetastro: Un tipo que sube a los trenes pero elige cuidadosamente los que se quedan en la estación.
Pedantería: Es uno de esos tipos que se deleitan infligiendo a los demás todas las circunstancias de sus autobiografías; circunstancias generalmente insignificantes y no pocas veces apócrifas.
Poco romántico: Un tipo para quien el amor no es sino aprovecharse del error de una dama.
Límites: Es uno de esos tipos que olvidan que "para conocerse a sí mismo" se requiere un mínimo de objeto a conocer.
El excéntrico: Es un tipo que aspira a ser original, pero careciendo de los medios necesarios para lograrlo.
Codicia: Un tipo que jamás cambiaba de vereda por no querer dejar una.
Humanitariamente: Un tipo cuya única manera de ser altruista consistía en evitar el trato con los demás.
Costumbres: El tipo era uno de esos viejos que ya sólo conservan el mero hábito de vivir.
viernes, julio 25, 2008
Leyendo una horrible reseña de un libro en la Ñ (19/07/2008)
Analicemos por partes:
- ¡Cronotopo bajtiniano!: ¡Qué asco! ¡Qué petulantes somos los críticos literarios! How cocky! ¿Cómo se emplea esta terminología? “Nena, me encanta tu cronotopo bajtiniano”.
- “Donde el poeta nuevamente”: ¿Nuevamente? ¿Eterno retorno?
- “Se vuelve tangible”: ¿Que se puede tocar? “Mirá cómo agarro el cruce entre tiempo y lugar. ¡Guarda, guarda que se me escapa de las manos!”
- “Su nacimiento, su concepción y su futuro”: ¿Curiosa alusión budista? ¿Habla del karma? Nacimiento, concepción… ¿por qué no bautismo también?
- “Estos cuatro puntos geográficos”: ¿Cuáles? ¿A qué se referirá con esto?
- “Poemas como prolongadas vías ferroviarias de trocha angosta”: Sin palabras… Creemos las comparaciones más repugnantes de la historia.
jueves, julio 24, 2008
Retrato irónico de un conversador
miércoles, julio 23, 2008
Impresiones maniqueístas en una mañana tibia
La vida se impone con su brutal energía.
martes, julio 22, 2008
La risa
La risa proviene de la divergencia, de la disparidad entre un concepto y el objeto real que relacionamos con él. Es decir, resulta de una inclusión paradójica. Pero entonces, debemos hacer una aclaración. Como todo un mundo sabe, hay distintas clases de humor, distintos aspectos de lo risible, distintas exigencias a nivel histriónico.
Cuando esa incongruencia está bien lograda, cuando nos sorprende esa destreza del ingenio, la llamamos agudeza. En cambio, cuando la incongruencia es burda, torpe, ramplona, estéril, grosera, tosca, vulgar e inútil, la llamamos extravagancia. Y la extravagancia la incluimos en la pedantería, cuyo origen es la escasa confianza en el entendimiento.
De esta manera se entiende porqué cuando nos acercamos a alguno de esos programas de TV de mayor rating no aparece en nuestros severos rostros el menos atisbo de una sonrisa… God bless Trinelli, patrono de los argentins.
Esbozo mínimo
Propercio 2, 32
insidias in me componis inanis
Verso que puede ser utilizado como epígrafe de una novela. Parodia de la infidelidad. The same old story: ella oculta sus aventuras, él sospecha, él cree saber, etc. Hacer una novela, un poco al estilo de Before She Met Me de Barnes.
qui quaerit Tatios veteres durosque Sabinos,
hic posuit nostra nuper in urbe pedem.
tu prius et fluctus poteris siccare marinos,
altaque mortali deligere astra manu,
quam facere, ut nostrae nolit peccare puellae.
Escribir, por otra parte, un cuento (¿por qué no?) utilizando la idea de estos versos. El viejo tópico “si buscas a Roma en Roma…”. Contar la historia a partir de un tipo extremadamente ingenuo, El amante extremadamente ingenuo. Él intenta comprender el comportamiento despreocupado y salaz de su novia. Describir escenas exageradas. Él intenta aplicar una antigua moral, persuadir al mundo. Hace un gran esfuerzo por “rescatar” a su novia de esa perdición lúbrica. Triste final imagino para nuestro pobre ingenuo. Un posible título sería Deucalionis aquae. Título excesivamente culterano y presuntuoso. Pero no suena del todo mal. Aparece un poco la raíz deus y la hermosa palabra aquae.
quis potuit lectum servare pudicum?
Deslumbrante epígrafe para un cuento satírico sobre “las costumbres envilecidas”.
viernes, julio 11, 2008
Fruslerías con antídoto
No hay peor no vidente que aquél que, poseyendo la facultad de percibir “las superficies coloreadas de las cosas”, se limita a llevar a cabo una existencia desprovista del sentido de la vista.
No hay peor ausencia que lo que falta.
No hay peor presencia que lo que falta. (?)
No hay peor dogma que aquél en el cual se cree.
No hay peor victoria que la ajena.
No hay peor atribulación que la propia.
No hay peor olvido que el recuerdo.
No hay peor pereza que la que no se lleva a la práctica.
No hay peor revelación que la previsible.
No hay peor enfermo que el que no quiere sanar.
No hay peor muerto que el que no quiere resucitar.
No hay peor médico que el que quiere curar.
Etc.
domingo, julio 06, 2008
L’homme qui peignait l’absence
Le luxe, le miroir et le silence.
A travers un long couloir obscur on voyait surgir les figures subreptices du silence. On voyait les plis des robes, les ondulations de coiffures, chaque geste minutieusement détaillé comme on ne le voit jamais dans la réalité. Toute la famille était là, jamais elle ne s’absentait, jamais elle ne partait en voyage, jamais elle ne s’énervait. Dans l’atmosphère sereine d’une lumière bleue elle se promenait parfois dans les parcs, d’autres fois elle se penchait dans les couloirs d’une maison rêvée, d’autres fois on la trouvait assise sur un banc du jardin. Il y avait de vieux rois avec des tremblements dans la main, des dames en costumes, de poussiéreuses toiles de pensées et d’innombrables petites filles qui jouaient, quelques-unes derrière un masque, d’autres dessinant des vœux, d’autres avec une poupée dans les bras.
Les yeux de l’homme qui peignait l’absence traversaient émerveillés les couloirs et les chambres. Cet homme avait des idées définies sur le monde. Il savait que seule la tromperie pouvait résoudre les énigmes. Il savait que seule la tromperie permettaient de voir nues les créatures célestes.
Quelqu’un avait prévu les artifices pour tolérer l’incrédulité, simulacres pour que la vue ne se détruise pas face au lit du temps.
Les minutes d’une attente étaient pleines de couleurs distinctes et de joies différentes. On pouvait ébaucher une bouche, une bouche comme l’après-midi qui tombe lentement et qui glisse délicatement entre le feuillage humide. Ou bien un jardin, où les voix s’entrecroisent avec le silence.
L’homme qui peignait l’absence composait soigneusement le voile de ses artifices. Et c’est ainsi que je réussis enfin à te regarder, avec des yeux qui n’étaient déjà plus les miens.
