Un tipejo va al restaurant y decide que se quiere engullir una pizza. El mesero o mozo le pregunta si quiere morfar algo más y todo eso; el tipejo le dice que no, que está bien con la pizza, etc. El mesero o mozo entonces le deja el pedido al cocinero o chef. Éste se dispone a hacer la pizza pero sucede que justo en ese instante se acerca alguien y le dice que su mujer está por evacuar una criatura, id est que está por dar a luz. El cocinero o chef, trastornado como todo buen futuro padre primerizo, se saca el delantal y el gorrito y corre hacia su mujer. Surge entonces, en el restaurant, la contrariedad de que no se sabe bien quién continuará con la elaboración de la pizza. Se acerca a la cocina uno de los meseros o mozos y dice que él mismo posee algunos conocimientos nutricios y que por lo tanto se hará cargo de esa desertada pizza.
Este mesero o mozo está muy contento cocinando cuando ve por una ventanita que un ladrón, como buen argentino desamparado por el gobierno y aun por la civilidad, le está choreando la bici con la que todos los santos días va a trabajar. Arroja asimismo el delantal y sale a perseguirlo. Nuevamente surge el inconveniente de que no se sabe bien quién se hará cargo de la bendita pizza. Aparece entonces el único mesero o mozo que quedaba en el reastaurant y declara que, si bien no sabe nada sobre cocinar, se pondrá obsequiosamente a preparar esa pizza. Se da cuenta oportunamente de que no queda más queso y sale presuroso a comprar. Debe recorrer varias cuadras hasta encontrar un negocio.
Una vez que posee el queso, este mesero o mozo entra en la cocina con el fin de alumbrar finalmente el pábulo tan requerido.
Todo se iba desarrollando apropiadamente, salvo que la persona que estaba en la caja (que además investía también el carácter de dueña del local, pues ese día la verdadera cajera había faltado por haberse embriagado la noche anterior) empezó a percibir algo así como olor a quemado. Aterrorizada y estremecida, corrió directamente hacia la cocina y no encontró allí sino al mesero o mozo sacando del horno una cosa negra que debía ser la pizza. Luego de emitir terribles insultos, esta señora descubre que, en primer lugar, ese mesero o mozo era tan hábil haciendo pizzas como Edipo explorando hendiduras, y en segundo lugar, que no quedaba más masa ni queso ni aceitunas. En consecuencia, debe mandar a este mesero o mozo a comparar los ingredientes que faltaban y decide además encargarse ella misma de la consecución de la pizza.
Ahora bien, cuando la pizza al fin fue puesta ante la mandíbula del tipejo, este se puso una servilleta en la falda y con gran ímpetu se dispuso a devorarla. Luego de haber ejecutado esta acción exclamó, lleno de dicha: “¡Es la mejor pizza que he probado en mi vida!”.
Desde ese momento, cada vez que alguien pide una pizza en ese lugar, se procura: ante todo que sea hecha por la dueña del local, quien previamente debe hallarse en la caja, pero entonces la verdadera cajera debe haber faltado y para eso debe haberse emborrachado la noche anterior. Pero antes de que la señora se ponga a hacer la pizza, debe haber intentado hacerla uno de los meseros o mozos, quien tomará la precaución de quemarla para tener que salir luego a comprar masa, queso y aceitunas. Pero antes de esto, el otro mesero o mozo debe haber probado cocinarla arguyendo sus conocimientos en la cocina, y en ese momento se dará cuenta de que carece de queso, habrá de ir a comprarlo y una vez regresado a la cocina un ladrón deberá robarle la bicicleta para que este mesero o mozo salga a correrlo. Entonces antes debe haber estado haciendo la pizza el cocinero o chef, pero teniendo seriamente el miramiento de que a la sazón su mujer se disponga prudentemente a evacuar una criatura, id est a dar a luz un hijo por primera vez.
lunes, enero 21, 2008
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