Fruslerías con antídoto
“No hay peor ciego que el que no quiere ver”
No hay peor no vidente que aquél que, poseyendo la facultad de percibir “las superficies coloreadas de las cosas”, se limita a llevar a cabo una existencia desprovista del sentido de la vista.
No hay peor ausencia que lo que falta.
No hay peor presencia que lo que falta. (?)
No hay peor dogma que aquél en el cual se cree.
No hay peor victoria que la ajena.
No hay peor atribulación que la propia.
No hay peor olvido que el recuerdo.
No hay peor pereza que la que no se lleva a la práctica.
No hay peor revelación que la previsible.
No hay peor enfermo que el que no quiere sanar.
No hay peor muerto que el que no quiere resucitar.
No hay peor médico que el que quiere curar.
Etc.
No hay peor no vidente que aquél que, poseyendo la facultad de percibir “las superficies coloreadas de las cosas”, se limita a llevar a cabo una existencia desprovista del sentido de la vista.
No hay peor ausencia que lo que falta.
No hay peor presencia que lo que falta. (?)
No hay peor dogma que aquél en el cual se cree.
No hay peor victoria que la ajena.
No hay peor atribulación que la propia.
No hay peor olvido que el recuerdo.
No hay peor pereza que la que no se lleva a la práctica.
No hay peor revelación que la previsible.
No hay peor enfermo que el que no quiere sanar.
No hay peor muerto que el que no quiere resucitar.
No hay peor médico que el que quiere curar.
Etc.


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